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Cómo cambiar las ruedas del coche

En el mantenimiento de un coche, una parte fundamental son los neumáticos, su desgaste hacen que la conducción sea más peligrosa y se pone en juego la vida de los que van en el coche y del resto de vehículos.

Las ruedas deben estar siempre en buen estado, damos unos sencillos pasos para comprobar su estado y para saber cuándo deben ser cambiadas.

Los fabricantes suelen indicar cuantos kilómetros pueden ser utilizadas, normalmente entre 40.000 y 50.000 km,  pero esto variará en función del tipo de carretera, el modo de conducción, la presión del neumático…

Para comprobar el estado hay que fijarse en la profundidad de las ranuras que muestran las ruedas en su superficie, la ley estima que la profundidad no debe ser menor a 1,6 mm. Esta dimensión debe seguirse siempre pues se encuentra recogido en el Reglamento General de vehículos, pero no solo por esto sino porque supone un riesgo en la conducción.

Esta banda de rodamiento que muestra el dibujo de la rueda es lo que se mide en las revisiones de la ITV, pero no está de más comprobarlo de vez en cuando para visualizar el estado en el que se encuentran. Si la distancia es menor a la indicada, deben cambiarse porque nuestra seguridad se estaría viendo afectada.

Si quieres que las ruedas te aguanten durante más tiempo en buen estado y lleguen correctamente a los kilómetros indicados por el fabricante debes tener en cuenta varios parámetros. Se debe realizar una correcta alineación y equilibrado de los ejes para que las ruedas tengan el mismo contacto con el asfalto en toda su superficie.

También habrá que mantener una presión adecuada, antes de realizar trayectos largos, comprueba que la presión es la idónea, debe comprobarse en frío, sino podría variar. Recuerda que si viajas con el coche demasiado cargado, la presión debe ser entre 1 y 3 bares mayor.

Si el neumático trabaja con una presión incorrecta, se calentará mucho antes y, en consecuencia, el desgaste será mayor en comparación con un mismo recorrido pero una presión adecuada. Una baja presión es realmente peligrosa en carreteras con lluvia, en las que se produce fácilmente el efecto de aquaplanning, dificultándose mucho la conducción del vehículo

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